Ayer finalmente me entregaron un cuadro que compré hace un par de semanas. En él se ve la clásica imagen del Principito, un niño pequeño de pelo rubio revuelto con una gran capa azul; tal como lo dibujó Antoine de Saint-Exupéry.
El autor del cuadro es el artista conocido como Cherman. Se trata de algo así como su versión/tributo al mencionado libro. Lo tenían en una exposición-venta en la librería Ksa Tomada, y en cuanto lo vi me encantó, por dos razones. La primera -y más obvia-, porque “El Principito” es un libro que siempre me ha gustado; y la segunda, porque en el cuadro hay una frase que creo que uno debería leer todos los días: “Nunka olvides al niño ke hay en ti” (sic).
Mirando el cuadro hoy por la mañana, me dieron ganas de averiguar un poco más sobre la vida de Saint-Exupéry. Lo poco que sabía de él es que fue piloto en la Segunda Guerra Mundial y murió al estrellarse su avión en una misión. Luego de investigar un poco (gracias Wikipedia!), aprendí que se desempeñó como piloto postal mucho antes de la guerra, y que por saber volar aviones fue que terminó luchando del lado de los aliados.
Aparentemente, Saint-Exupéry fue un tipo de una sensibilidad especial, un romántico si se quiere, enfrentado a una realidad muy cruda como la de la época que le tocó vivir. Me lo imagino tomando parte en la guerra porque era su responsabilidad, como cuidar a la rosa era la del pequeño Principito. Al igual que su personaje más conocido, debe haber sido (aquí sólo estoy especulando) un tipo algo inocente, de pocas palabras, muchas preguntas y mayores nostalgias, fruto quizás de su trabajo en la Aéropostale.
Poco sabía yo que luego de leer sobre el autor, terminaría regresando una vez más al libro. Si no me equivoco, esta es cuando menos la cuarta vez que leo El Principito, y debo decir que me emocionó tanto o más que antes. Recuerdo que la primera vez que lo lei fue en la secundaria, para regresar luego a él cuando lo encontré en una casa donde me hospedé una temporada que viví en México, en 1998. Más tarde, volvería a leerlo en el 2002, durante un viaje en solitario que hice a Ecuador. Es curioso, pero el libro parece de una manera u otra haber sabido llegar a mis manos siempre en el momento preciso. De ahí tal vez el especial cariño que le tengo.
A todos aquellos que nunca hayan leido el libro, se los recomiendo profundamente. Y a quienes ya lo hicieron, pues les sugiero redescubrirlo y comprobar de qué manera les habla ahora. Cualquiera sea el caso, estoy seguro que disfrutarán de un buen rato y se conectarán, por qué no, con algunas emociones que quizás hayan quedado escondidas debajo de la rutina diaria.
Para terminar, los dejo con uno de mis pasajes favoritos del libro:
“El principito se fue a ver nuevamente las rosas: No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún – les dijo -. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.”


me cagaste… nunca olvidemos al nino que hay en nosotros… NUNCA…
un abrazo,
gus
ah, nunca lei el principito… prestamelo…
Si quieres, puedes leerlo en la web. En el post hay un link en el que encontrarás el libro completo, con todo y las ilustraciones del autor. Enjoy!
ja, te cuento q hay fuertes rumores q saint exupery fue espia de los alemanes en la guerra… maleado, no? una persona q escribe asi como va a ser traidor a la patria al estilo de montesinos??? de todo hay en la viña del señor!!!!
Justamente en la maniana leia unos pasajes en los que Nietzsche, en sus propios terminos, habla de la “domesticacion” a la que son sometidos los seres humanos; de la construccion de una conciencia para hacer frente a las urgencias naturales… y me acorde del Principito. Creo que lo que pasa no es que este libro nos llega en los momentos precisos, sino que cualquier momento es perfecto para leerlo porque la sensibilidad y sabiduria que lo gobiernan lo hacen universal.